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Friday, May 23, 2008

Desde la Ciudad Espacial, su redactor de confianza

Hablando de islas chilangas, el último voluntario en apuntarse a responder el interrogatorio PSN nació en la de Polanco--calificada por Blanca Jota, blogger de la revista Quién, como la isla de moda (Polanco, agregaría yo, es una isla clásica; nunca pasará de moda)--y ahora vive en una ciudad enorme y caótica a la que, si uno mira con paciencia y sin tener como referente a NY (una obsesión gringa, por otro lado), se la puede encontrar fascinante: Houston.

Alonso Núñez, sonriendo en horas de trabajo


Se llama Alonso Núñez y, si siguen leyendo, encontrarán su divertido, y muy bien escrito, testimonio. No he podido resistirlo: no he editado un par de cebollazos a este blog, pero es que estoy luchando por deshacerme de la falsa modestia. Qué le voy a hacer, me estoy agringando.

Mil gracias a Alonso por su texto, y no dejen de leer su blog.

¿Qué tal, Antonio? Aquí me tienes, leyendo con gula tu blog en pleno horario laboral. Me van a correr.

Pongo más o menos en orden las respuestas al interrogatorio PSN:

Me llamo Alonso Núñez y soy chilango de tres asaltos y medio (el último delincuente se largó antes de consumar el robo por razones que aún desconozco y que, sin embargo, le agradezco mucho).

Vladimir Lenin, before the Perestroika (Photo: Wikipedia)

Estudié algo de Historia en la Universidad Iberoamericana durante los años de la Perestroika: recuerdo con cuánto ahínco queríamos derribar la estatua de san Ignacio [de Loyola] por su notable parecido con el padrecito [Vladimir] Lenin. Ahora, por carecer de estudios en forma, tengo que trabajar como redactor en una agencia de publicidad: López Negrete, ubicada en Houston.

Saint Ignatius of Loyola, after the Perestroika (Photo: Wikipedia)

Soy casado, de familia numerosa y de quincena muy, pero muy comprometida. O sea que te debo la clasificación social alta, media alta y hasta media a secas.

Comencé mi odisea por Estados Unidos en el 2001, atraído por el dulce canto del dólar. Ah, el sueño americano. Hoy sé que éste caduca a los treinta días: los mismos que tardan en llegar las facturas de todo lo que uno firma.



"Si tú me dices ven...", respondió Alonso al Tío Sam, y se fue al gabacho.


He vivido en Los Ángeles, Seattle y la ya citada Houston. Y no me quejo. Tiene lo suyo el imperio. De entrada, está más limpio que mi noble, leal y archirrecontraperredista Ciudad de México, asiento de toda basura, enemiga jurada de la urbanidad y capital mundial del olorcito a descompuesto.

Sin embargo, me encanta regresar de cuando en cuando a ese desmadre monumental: sobre todo a Polanquito mi barrio, al centro, a la Condesa, a la Prado Churubusco (sede de la panadería Linares) y al mítico Coyoacán.

Además del orden gringo, me gusta la competencia feroz del mercado laboral: hay gente talentosa de todo el mundo. Y esto te obliga a quitarte el sarape, a seguir aprendiendo y a ponerte al tú por tú con media humanidad. Por lo mismo, no extraño México. Cuando conozco a personas de la India o de Etiopía o de Mongolia, que sí están lejos de los suyos y de lo suyo, pienso: ay, cómo somos melodramáticos los mexicanos, siempre llorando ausencias y lejanías, y el país está aquí al lado.

Polanquito, Alonso's hometown (Photo: Wikipedia, for a change)

Conozco a varios paisanos que se hallan en la misma situación que yo: batallando de este lado, sin tantos conflictos existenciales. Les voy a recomendar tu blog. Está de perlas. Y con dicha promesa me despido. Hay un asunto oficinesco que demanda mi atención inmediata: a nadie se le ha ocurrido hacer el café de la tarde y con el tanque vacío no se puede carburar.

Un abrazo solidario.
A. N.

Posdata. Si no has conseguido el ejemplar de "El niño Triclinio", te lo mando con gusto. Tengo dos.

Alonso Núñez
su redactor de confianza
http://suredactordeconfianza.blogspot.com/

Tuesday, May 20, 2008

Idealizar lo que uno rehúye

Uno siempre idealiza a la gente cuando no la tiene cerca y cualquier ciudad, cuando no la conoce o ya no vive en ella. La ciudad de México tiene un lugar especial en mi lista de idealizaciones. Hace cuatro años que no la visito, y este verano estaré allá con mis hijos por vez primera. Y, claro, la estoy idealizando desde ahora.

Dicen que el tráfico se ha puesto peor con los años y que ahora es (más) complicado reunirse con la gente. Los chilangos, dicen los que han estado allá recientemente, agendan sus jornadas con una precisión rayana en lo escandinavo, y les resulta muy difícil salirse un poco de ese plan previamente establecido. Es una manera, dicen los que lo han experimentado, de evitar que el caos de la ciudad termine por volverlos locos. Puedo creerlo.

Otra cosa que han hecho los chilangos es convertir a la ciudad en una consecución de pueblitos, de islas. La isla Santa Fe, la isla San Ángel, la isla Condesa, la isla Satélite, la isla Interlomas. La gente ha dejado de vivir En La Ciudad De México, para vivir en su pequeña isla, aislada de la realidad que engulle, en su conjunto, a la ciudad. ¿Será así? En mi visita tengo planeadas visitas a varias de esas islas pero me pregunto cómo será el resto de la ciudad que aún no es isla, pueblito. ¿Existe una isla Centro Histórico? ¿Alguien vive en ella? ¿Puede alguien explicarme cómo navegar en ese archipiélago?

No conozco a nadie que ya no viva en la ciudad de México que no esté deseando volver a ella... de vacaciones. ¿Cómo es el regreso? ¿Cuánto tiempo tarda uno en quitarse la venda de los ojos y darse cuenta de que ha idealizado la ciudad durante su ausencia? El otro día leí una entrevista a Carlos Monsiváis en la que definía a la ciudad como agonizante. Para que lo diga Monsiváis...

Monday, March 31, 2008

Lorenzo y el Chilango Dude (I)




My son Emiliano--who is the author of the beautiful T-Rex drawing above displayed--was born in Mexico City, but we moved to Madrid when he was four months old. Living in Texas since he was three plus years old, he speaks Spanish with a quirky, definition-defying accent and mixes Mexican Spanish with castellano, all tossed up with some Uruguayan español and, of course, tons of Anglicisms at the end of every-phrase.

However, every time you ask Emiliano where's he from, he takes his Bandera Mexicana out of who-knows-where to wave it in your face while he stands out and claims, full of pride: "de Méjico" (the 'X' heavily pronounced as sounds a rock when it scratches the pavement). Don't blame me, but his former Spanish teacher who, just like him, was born in Mexico City and taught Emiliano how to behave like a Niño Héroe.



Such undeterred patriotism wasn't enough to convince Emiliano he is a Chilango, though. For him, the official--some guys still think is unofficial--demonym for those luckily enough to be born in Ciudad de México sounds like an insult nonetheless.

Last Friday, having waken up in a particularly good mood, I cheered Emiliano with a "What's up, Chilango Dude?" when I picked him and his madrileño brother Guillermo up at school. He looked at me with his rolling-eyes attitude--he's about to turn seven, so he's already showing some attitude proclivity--and said:

--Don't call me Chilango Dude.
--¿Por qué no? Eres un Chilango Dude--respondí yo, fun-spirited.
--Yo no soy eso.
--A ver, ¿dónde naciste?
--En Méjico.
--En la ciudad de México, ¿verdad?
--Sí...--Emiliano looked at me as if trying to guess where I was coming.
--Bueno, los que nacen en la ciudad de México se llaman chilangos. Hasta hay una revista allá que se llama así (a good one, btw).
--No, se llaman mejicanos.
--Son chilangos. Por eso tú eres un Chilango Dude. Y Guille, que nació en Madrid, es madrileño.
--I'm not a Chilango Dude!--boy, was he already enojado--, y Guille es español.
--Whatever you say, Chilango Dude--remember when Charlie Brown got mad? Now you got the picture.




No matter how hard I tried to make him understand I was not joking--well, just a little bit--Emiliano didn't consent to embrace his inner Chilangoness. He didn't mind he loves to eat chilaquiles verdes, he treats himself to chile piquín-sprinkled popcorn and is able to sing some Cri-Cri songs a capella from beginning to end.

When you live in a place different from your hometown or that of your descendents, it is always funny and fascinating to see how your sons grow their own identities out of that outstanding mixture of background, origin, environment and temper.

Trying to impose an identity--your identity--over your kids is not just useless, but absurd. But it happens, though. I guess my sons will develop their own and, when the right time comes, Emiliano will embrace his chilanguería in his own particular way, just as Guillermo will embrace his inner madrileño--he's already got the chulería mood, for instance. It won't be the same as that of those chilangos and madrileños who've forever lived in Ciudad de México or Madrid, but it will be as authentic and unique.

'Cause I think we all are entitled to shape our identity not out of the place that we were born, but out of the places we belong to.

How about you? Freaked out at your immigrant child's identity crisis?