Tuesday, July 15, 2008
If you're to find a job in the U.S. it better be off Spanish-language TV
The San Francisco Chronicle reported today that Spanish-language TV journalists in the Bay Area are paid 25% less that their angloparlantes counterparts, even though the Univision local station, "KDTV has beaten most of its Bay Area English-language competitors in various ratings contests".
The problem is, brown audiences are still considered poor, cheap. Naquitos, pues.
For someone like me, or dozens of friends of mine, who've worked for a number of years in Spanish-language media in the U.S. this ain't news looooong before this news broke. But some other gringo colleagues have just found out due to the SFC story, and they seem pretty pissed. Guanabee picked up the story, and then Gawker picked up Guanabee's take on the story.
If you want to pick up my take on the story, go to my FB page and read.
Aside from the is-this-news-or-what debate, what do you think, dear paisanos? Are y'all experiencing the downside of your Latino accents at your own working places? Por favor, cuéntenmelo todo, in any language you like.
Major accents accepted.
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Aside from the is-this-news-or-what debate, what do you think, dear paisanos? Are y'all experiencing the downside of your Latino accents at your own working places? Por favor, cuéntenmelo todo, in any language you like.
Major accents accepted.
Monday, July 14, 2008
Uruguay o hacer lo que sea para detener la fuga de cerebros
El País de Uruguay comenta hoy en su editorial una propuesta de ley del gobierno de Tabaré Vázquez que impediría a los universitarios uruguayos salir del país durante los primeros años posteriores a su titulación.
El argumento de la propuesta es que estos jóvenes deben, de alguna manera, pagar por la educación que han recibido en la República Oriental, y esa propuesta garantizaría que, al menos por unos años, estos jóvenes permanecieran, trabajaran y beneficiaran con sus conocimientos, al Uruguay.
Detrás del proyecto está un fenómeno creciente: la emigración de jóvenes uruguayos preparados hacia países desarrollados, especialmente España y Estados Unidos.
Los jóvenes, explica uno de los lectores de El País que participa en el debate que ha generado la editorial, podrán salir de territorio uruguayo si desean, pero su título universitario no podrá ser certificado u homologado con fines de convalidación en el extranjero. En el caso de los médicos, por ejemplo, les cierra la oportunidad de buscar trabajo en España.
Si bien la propuesta suena totalitaria, como la califica el diario uruguayo, también hay que recordar que en otras latitudes hay ayudas a los estudios de posgrado ligadas a mecanismos destinados a que los jóvenes beneficiados permanezcan en su lugar de origen. El argumento de base es que lo que se busca con estos incentivos no es sólo el crecimiento personal del estudiante, sino el progreso colectivo de una sociedad.
Las becas Fulbright que otorga el gobierno de Estados Unidos son un ejemplo de ello. En el caso de estudiantes latinoamericanos de posgrado, ésta es una de las becas más prestigiadas--y de más difícil acceso--que hay. La suma de dinero otorgada a cada estudiante varía dependiendo del país pero, en el caso de México, puede llegar hasta $20,000 USD por beneficiado.
El proceso para obtener esta es beca y largo y complejo, explica Galia García-Palafox, editora para México de la revista Gatopardo y quien obtuvo una maestría en periodismo por Columbia University gracias en parte a una beca Fulbright. Uno de los principales beneficios es que el comité binacional de selección envía solicitudes de admisión para los candidatos a tres distintas universidades, lo cual, si bien no garantiza la admisión, la facilita bastante.
"Uno de los grandes plus de Fulbright es el trato que tienes cuando estás allá", explica García-Palafox vía mensajería instantánea. "Además de los eventos Fulbright y de que tienen oficinas en todas partes que se encargan de tu papeleo, [aseoría con temas de] migración , seguros médicos, estás invitado a eventos Fulbright con ex becarios e invitados especiales".
--O sea que es como sacarte la lotería. Aunque el downside de la visa después [que no puedas obtener una de trabajo], ¿cómo lo ves tú? ¿Vale la pena?
--Claro que vale la pena--responde García-Palafox--; digo, a menos que tu objetivo sea quedarte en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, contar con el beneficio de una beca Fulbright es una distinción para cualquier profesionista. ¿Cuál es la contraparte? Que una vez pasado el periodo de prácticas profesionales después de cursar los estudios de posgrado (OPT, Optional Practical Training, de un año de duración), los estudiantes no pueden acceder a una visa de trabajo en Estados Unidos, deben volver a su país de origen y trabajar ahí por al menos dos años antes de tener la opción de solicitar una visa de trabajo estadounidense.
Así las cosas, tal vez no sea tan descabellado exigir a los estudiantes que se gradúan de universidades retribuir al país que les dio acceso a educación en la forma de permanecer un cierto tiempo ahí antes de ampliar sus opciones al extranjero. El problema viene cuando el mercado profesional o las condiciones de vida en ese país reprimen las opciones de crecimiento personal y profesional de esos estudiantes.
¿Qué piensan ustedes, queridos lectores de PSN? ¿Tienen derecho los gobiernos latinoamericanos (democráticos) a restringir la salida de sus estudiantes bajo éste, o cualquier otro tipo de argumento?
El argumento de la propuesta es que estos jóvenes deben, de alguna manera, pagar por la educación que han recibido en la República Oriental, y esa propuesta garantizaría que, al menos por unos años, estos jóvenes permanecieran, trabajaran y beneficiaran con sus conocimientos, al Uruguay.
Detrás del proyecto está un fenómeno creciente: la emigración de jóvenes uruguayos preparados hacia países desarrollados, especialmente España y Estados Unidos.
Los jóvenes, explica uno de los lectores de El País que participa en el debate que ha generado la editorial, podrán salir de territorio uruguayo si desean, pero su título universitario no podrá ser certificado u homologado con fines de convalidación en el extranjero. En el caso de los médicos, por ejemplo, les cierra la oportunidad de buscar trabajo en España.
Si bien la propuesta suena totalitaria, como la califica el diario uruguayo, también hay que recordar que en otras latitudes hay ayudas a los estudios de posgrado ligadas a mecanismos destinados a que los jóvenes beneficiados permanezcan en su lugar de origen. El argumento de base es que lo que se busca con estos incentivos no es sólo el crecimiento personal del estudiante, sino el progreso colectivo de una sociedad.
Las becas Fulbright que otorga el gobierno de Estados Unidos son un ejemplo de ello. En el caso de estudiantes latinoamericanos de posgrado, ésta es una de las becas más prestigiadas--y de más difícil acceso--que hay. La suma de dinero otorgada a cada estudiante varía dependiendo del país pero, en el caso de México, puede llegar hasta $20,000 USD por beneficiado.
El proceso para obtener esta es beca y largo y complejo, explica Galia García-Palafox, editora para México de la revista Gatopardo y quien obtuvo una maestría en periodismo por Columbia University gracias en parte a una beca Fulbright. Uno de los principales beneficios es que el comité binacional de selección envía solicitudes de admisión para los candidatos a tres distintas universidades, lo cual, si bien no garantiza la admisión, la facilita bastante.
"Uno de los grandes plus de Fulbright es el trato que tienes cuando estás allá", explica García-Palafox vía mensajería instantánea. "Además de los eventos Fulbright y de que tienen oficinas en todas partes que se encargan de tu papeleo, [aseoría con temas de] migración , seguros médicos, estás invitado a eventos Fulbright con ex becarios e invitados especiales".
--O sea que es como sacarte la lotería. Aunque el downside de la visa después [que no puedas obtener una de trabajo], ¿cómo lo ves tú? ¿Vale la pena?
--Claro que vale la pena--responde García-Palafox--; digo, a menos que tu objetivo sea quedarte en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, contar con el beneficio de una beca Fulbright es una distinción para cualquier profesionista. ¿Cuál es la contraparte? Que una vez pasado el periodo de prácticas profesionales después de cursar los estudios de posgrado (OPT, Optional Practical Training, de un año de duración), los estudiantes no pueden acceder a una visa de trabajo en Estados Unidos, deben volver a su país de origen y trabajar ahí por al menos dos años antes de tener la opción de solicitar una visa de trabajo estadounidense.
Así las cosas, tal vez no sea tan descabellado exigir a los estudiantes que se gradúan de universidades retribuir al país que les dio acceso a educación en la forma de permanecer un cierto tiempo ahí antes de ampliar sus opciones al extranjero. El problema viene cuando el mercado profesional o las condiciones de vida en ese país reprimen las opciones de crecimiento personal y profesional de esos estudiantes.
¿Qué piensan ustedes, queridos lectores de PSN? ¿Tienen derecho los gobiernos latinoamericanos (democráticos) a restringir la salida de sus estudiantes bajo éste, o cualquier otro tipo de argumento?
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Mexican immigrants,
migración vía posgrado
Friday, July 11, 2008
La venganza es un plato que se servirá en las urnas
Tras años de mantener de manera consistente una tasa de naturalización casi 20 puntos porcentuales más baja que la media nacional, los inmigrantes mexicanos se han puesto las pilas, han dejado atrás la desidia y los prejuicios, y se están movilizando en estampida para obtener la nacionalidad estadounidense.
Como publica hoy el diario Los Angeles Times, el número de mexicanos que se nacionalizó el año pasado creció casi 50% respecto al año anterior. Una de las razones de este cambio en la tendencia, según un reporte citado por el diario, fueron las campañas organizadas por organizaciones civiles y medios de comunicación en español dirigidas a crear conciencia sobre la importancia del voto.
Pero también el hecho de que muchos inmigrantes mexicanos, que ya eran residentes permanente y eran elegibles para obtener la ciudadanía estadounidense, se hartaron de ser meros testigos de la radicalización del discurso antiinmigrante en los medios de comunicación conservadores, azuzado por los grupos de ultraderecha.
Al mismo tiempo, el incremento en el número de mexicanos que se nacionalizaron, que llegó a 122,000 personas, contra 84, 000 del año anterior, según explica LAT, se dio justamente un año después de que los mexicanos que viven fuera de su país de origen pudieran votar en unas elecciones generales desde el exterior. Como se podrá recordar, en las elecciones de julio de 2006 en las que resultó ganador Felipe Calderón, sólo votaron 44,000 mexicanos desde el exterior.
Es difícil saber en qué medida esto contribuyó a una toma de conciencia entre quienes se animaron finalmente a pedir la nacionalidad. Sin embargo, hay una lógica que pudieron haber aplicado fácilmente: darse cuenta de que el lugar en donde uno tiene que participar activamente en la elección de sus representantes es el lugar en donde uno vive, no el lugar donde uno nació, a donde añora volver algún día o donde simplemente ya no vive, no paga impuestos, ni es sujeto de sus leyes, más.
Lo más importante de este cambio en la tendencia, es que los miles de mexicanos--y latinoamericanos que, en su conjunto, están siendo objeto de estigmatización por la oleada antiinmigrante--que se nacionalizaron el año anterior y éste, lo hacen con un objetivo puntual y lleno de voluntad política: votar en noviembre. Y todo parece indicar que no votarán por el candidato que sea más paternalista con ellos, sino el que esté dispuesto a verlos como iguales.
De seguir así, podríamos experimentar, por primera vez, un cambio palpable en la influencia de la comunidad mexicana en el sistema político estadounidense. Ya sería hora.
Para leer la nota completa del LAT, píquenle aquí.
Si quieren ir directamente al reporte, hagan clic aquí.
Como publica hoy el diario Los Angeles Times, el número de mexicanos que se nacionalizó el año pasado creció casi 50% respecto al año anterior. Una de las razones de este cambio en la tendencia, según un reporte citado por el diario, fueron las campañas organizadas por organizaciones civiles y medios de comunicación en español dirigidas a crear conciencia sobre la importancia del voto.
Pero también el hecho de que muchos inmigrantes mexicanos, que ya eran residentes permanente y eran elegibles para obtener la ciudadanía estadounidense, se hartaron de ser meros testigos de la radicalización del discurso antiinmigrante en los medios de comunicación conservadores, azuzado por los grupos de ultraderecha.
Al mismo tiempo, el incremento en el número de mexicanos que se nacionalizaron, que llegó a 122,000 personas, contra 84, 000 del año anterior, según explica LAT, se dio justamente un año después de que los mexicanos que viven fuera de su país de origen pudieran votar en unas elecciones generales desde el exterior. Como se podrá recordar, en las elecciones de julio de 2006 en las que resultó ganador Felipe Calderón, sólo votaron 44,000 mexicanos desde el exterior.
Es difícil saber en qué medida esto contribuyó a una toma de conciencia entre quienes se animaron finalmente a pedir la nacionalidad. Sin embargo, hay una lógica que pudieron haber aplicado fácilmente: darse cuenta de que el lugar en donde uno tiene que participar activamente en la elección de sus representantes es el lugar en donde uno vive, no el lugar donde uno nació, a donde añora volver algún día o donde simplemente ya no vive, no paga impuestos, ni es sujeto de sus leyes, más.
Lo más importante de este cambio en la tendencia, es que los miles de mexicanos--y latinoamericanos que, en su conjunto, están siendo objeto de estigmatización por la oleada antiinmigrante--que se nacionalizaron el año anterior y éste, lo hacen con un objetivo puntual y lleno de voluntad política: votar en noviembre. Y todo parece indicar que no votarán por el candidato que sea más paternalista con ellos, sino el que esté dispuesto a verlos como iguales.
De seguir así, podríamos experimentar, por primera vez, un cambio palpable en la influencia de la comunidad mexicana en el sistema político estadounidense. Ya sería hora.
Para leer la nota completa del LAT, píquenle aquí.
Si quieren ir directamente al reporte, hagan clic aquí.
Wednesday, July 9, 2008
Barack wants you to stop acting like a typical English-only gringo dude...
...that's why we endorse him. But that's why he could lose the election, too.
¿Por cuánto delatarías a otro inmigrante?
The Houston Chronicle y su periódico hermano en español, La Voz, revelan hoy que tres inmigrantes indocumentados, que trabajaban en la fábrica donde se llevó a cabo, el pasado 25 de junio, la redada más grande jamás realizada en esa ciudad de Texas y en la que fueron detenidas 166 personas, fueron contratados como informantes por la Policía de Inmigración (ICE) para ofrecer datos que condujeran a la detención de sus compañeros de trabajo.
En total, la migra les pagó a los tres $13,200 por sus informes. Si aún no han ido al tocador a volver el estómago y tienen ánimo de seguir leyendo, hagan clic aquí.
¿Cuánto vale la vida, el porvenir, de un compañero de trabajo? ¿Diez mil dólares? ¿Mil doscientos? En México dicen que perro no come perro. Qué mentira más grande. Yuck.
En total, la migra les pagó a los tres $13,200 por sus informes. Si aún no han ido al tocador a volver el estómago y tienen ánimo de seguir leyendo, hagan clic aquí.
¿Cuánto vale la vida, el porvenir, de un compañero de trabajo? ¿Diez mil dólares? ¿Mil doscientos? En México dicen que perro no come perro. Qué mentira más grande. Yuck.
Monday, July 7, 2008
La madre patria no 'perrea, perrea'
Para nadie es noticia a estas alturas la afirmación de que, conforme ha ido consolidando su posición en la Unión Europea y se ha convertido (de nuevo) en una potencia económica (ha superado recientemente a Italia en cuanto al producto interno bruto), España se ha ido alejando cada vez más de Latinoamérica y acercándose a Europa.
La nueva ley de inmigración ha puesto en evidencia que la cercanía que ha(bía) marcado las relaciones entre los países latinoamericanos y la madre patria ha quedado atrás. Para quienes conocen poco de cómo se dan las regulaciones al interior de la Unión Europea, es casi incomprensible atestiguar que en últimas semanas, como reporta hoy el diario El Universal, unos 40 mexicanos que viajaban como turistas han sido deportados desde suelo español por carecer de una carta de invitación para hospedarse con amigos o familiares, y que, según el periódico mexicano, debe ser autorizada por el Cuerpo Nacional de Policía español.
México no es uno de los principales países exportadores de migrantes hacia España--ni hacia el resto de la Unión Europa--pero sí es uno de los destinos turísticos favoritos de los mexicanos de clase media alta. Por lo demás, muchos de los mexicanos que viven en España lo hacen de forma legal, como estudiantes o porque se han casado con ciudadanos españoles. No sé cómo sea ahora porque hace cuatro años que no vivo allá, pero hasta antes de los atentados del 11 de septiembre--que transformaron el concepto de seguridad fronteriza en Estados Unidos y sus aliados europeos--era muy fácil permanecer, como mexicano de clase media alta, de forma ilegal en España.
Las cosas, pese al proceso de regularización que facilitó el gobierno español a casi 700,000 inmigrantes en 2005 y a que España ha abogado por la suavización de la nueva ley de inmigración europea, parece que han comenzado a cambiar.
Ayer en la cena, mi mujer me refirió esta nota publicada en El País de Uruguay, en el que se explica que, con la nueva ley de inmigración, la residencia española no será otorgada a un ciudadano no comunitario casado con un ciudadano español de manera automática, como era antes (así fue como yo obtuve la residencia, por 'reunificación familiar'), y sólo será otorgada si el cónyuge no comunitario cuenta de antemano con un contrato de trabajo en España.
Mi carnet de residencia expiró hace dos años. Así que ahora tengo la tarea de saber si para volver a obtenerla, alguien en España tiene que ofrecerme un trabajo. ¿Servirá de algo que, además de estar casado con una española, soy padre de dos ciudadanos españoles? No lo sé, pero parece poco probable que así sea.
A lo largo de esta semana seguiremos deshilvanando la nueva ley de inmigración europea y sus consecuencias para los lectores de PSN. En tanto, mexicanos y mexicanas, cuéntenme, please, si han tenido que enfrentarse ya a este nuevo muro fronterizo en la vieja europa.
P.S. Y decían que los gringos se estaban poniendo pesados con el tema de la inmigración. Who knew.
La nueva ley de inmigración ha puesto en evidencia que la cercanía que ha(bía) marcado las relaciones entre los países latinoamericanos y la madre patria ha quedado atrás. Para quienes conocen poco de cómo se dan las regulaciones al interior de la Unión Europea, es casi incomprensible atestiguar que en últimas semanas, como reporta hoy el diario El Universal, unos 40 mexicanos que viajaban como turistas han sido deportados desde suelo español por carecer de una carta de invitación para hospedarse con amigos o familiares, y que, según el periódico mexicano, debe ser autorizada por el Cuerpo Nacional de Policía español.
México no es uno de los principales países exportadores de migrantes hacia España--ni hacia el resto de la Unión Europa--pero sí es uno de los destinos turísticos favoritos de los mexicanos de clase media alta. Por lo demás, muchos de los mexicanos que viven en España lo hacen de forma legal, como estudiantes o porque se han casado con ciudadanos españoles. No sé cómo sea ahora porque hace cuatro años que no vivo allá, pero hasta antes de los atentados del 11 de septiembre--que transformaron el concepto de seguridad fronteriza en Estados Unidos y sus aliados europeos--era muy fácil permanecer, como mexicano de clase media alta, de forma ilegal en España.
Las cosas, pese al proceso de regularización que facilitó el gobierno español a casi 700,000 inmigrantes en 2005 y a que España ha abogado por la suavización de la nueva ley de inmigración europea, parece que han comenzado a cambiar.
Ayer en la cena, mi mujer me refirió esta nota publicada en El País de Uruguay, en el que se explica que, con la nueva ley de inmigración, la residencia española no será otorgada a un ciudadano no comunitario casado con un ciudadano español de manera automática, como era antes (así fue como yo obtuve la residencia, por 'reunificación familiar'), y sólo será otorgada si el cónyuge no comunitario cuenta de antemano con un contrato de trabajo en España.
Mi carnet de residencia expiró hace dos años. Así que ahora tengo la tarea de saber si para volver a obtenerla, alguien en España tiene que ofrecerme un trabajo. ¿Servirá de algo que, además de estar casado con una española, soy padre de dos ciudadanos españoles? No lo sé, pero parece poco probable que así sea.
A lo largo de esta semana seguiremos deshilvanando la nueva ley de inmigración europea y sus consecuencias para los lectores de PSN. En tanto, mexicanos y mexicanas, cuéntenme, please, si han tenido que enfrentarse ya a este nuevo muro fronterizo en la vieja europa.
P.S. Y decían que los gringos se estaban poniendo pesados con el tema de la inmigración. Who knew.
Monday, June 30, 2008
Apoyar al país de origen
Comenzamos a ver la final de la Eurocopa media hora antes de que terminara el partido. No es que no quisiéramos verlo desde el principio; es que nos confundimos en el horario y cuando llegamos de la piscina ya había comenzado el segundo tiempo.
España ya iba ganando por un gol a Alemania. Mi mujer y mi suegra, que preparaban ravioles caseros en la cocina, iban y venían cada tanto para ver el desarrollo del partido. No es que no les interesara, es que las dos, siendo españolas, no podían controlar la tensión de ver-el-partido-completo.
En algún momento, uno de los jugadores españoles estuvo a punto de colocar un segundo gol--no recuerdo su nombre; debo recordar a los lectores que no soy seguidor del fútbol, nací genéticamente impedido para ello, creo--y yo salté del asiento. En ese momento Emiliano, 7 años, me preguntó por qué había reaccionado así. Le expliqué--mis hijos, como es de esperarse en esta familia, jamás han visto un partido de soccer completo y, de hecho, no entienden muy bien las reglas del juego--que España había estado a punto de meter otro gol y que eso les aseguraría, a esas alturas del partido, la victoria.
--Entonces queremos que gane España, ¿verdad? --me preguntó Emiliano.
--Claro --respondí.
--¿Tú quieres que gane España?
--Sí.
--¿Por qué?
--Bueno, porque mamá es española, tus abuelos son españoles, tus primas y tus tíos son españoles, y tú y Guillermo son españoles.
--¿Y sólo por eso? --insistió Emilano.
--Sí. Uno tiene que apoyar a su país de origen.
--¿Uno tiene que apoyar a su país de origen?
--Sí, Emiliano.
--Oh.
Minutos atrás, en una de las visitas de Valentina al frente del televisor, Guillermo, 4 años, y Emiliano, le preguntaron a quién apoyaba. "A España", respondió ella, sin despegar la vista de la pantalla. "¿Por qué?", preguntaron los dos. "A ver, ¿quién nació en España?", preguntó ella. Sin despegar la vista del televisor, Guille, que nació en el hospital La Paz de Madrid una mañana helada y nublada de diciembre de 2003, levantó la mano.
Guillermo tuvo claro entonces la razón de su apoyo a la selección española, o eso creí yo en ese momento (cuando terminó el partido y comenzamos a celebrar el añorado triunfo de España en la Eurocopa, Guille creía que el triunfo significaba dos cosas: que el año entrante sí podremos ir de visita a España y que a partir de ahora los jugadores españoles ya podrán jugar ellos solos en la cancha, sin tener que enfrentarse a otro equipo).
Para Emiliano, el origen de nuestro apoyo a la selección española no parecía quedar muy claro. Emiliano nació en México, vivió tres años en Madrid y pronuncia las zetas y las ces como español, a diferencia de su hermano menor, que las pronuncia como mexicano. Pero para él la noción de país de origen se volvió complicada frente al televisor. Y la razón por la que en ese momento creí que debía escribir al respecto es que, cuando Emiliano me preguntó por qué yo apoyaba a España y respondí eso de "uno tiene que apoyar a su país de origen", me sentí, de alguna manera, panfletario.
Así que me he quedado con esa pregunta, y los reto a hacérsela a ustedes mismos y aventurar una respuesta. ¿Uno tiene que apoyar a su país de origen? ¿Cuál es el país de origen, aquel donde uno nació aunque prácticamente no haya vivido ahí, el que uno ostenta en su pasaporte aunque esa nacionalidad únicamente haya sido heredada por los padres, o aquel donde uno ha vivido más tiempo, donde uno se ha formado, en el que uno se siente en casa?
¿Cuál es? Díganme. Yo no lo tengo muy claro.
España ya iba ganando por un gol a Alemania. Mi mujer y mi suegra, que preparaban ravioles caseros en la cocina, iban y venían cada tanto para ver el desarrollo del partido. No es que no les interesara, es que las dos, siendo españolas, no podían controlar la tensión de ver-el-partido-completo.
En algún momento, uno de los jugadores españoles estuvo a punto de colocar un segundo gol--no recuerdo su nombre; debo recordar a los lectores que no soy seguidor del fútbol, nací genéticamente impedido para ello, creo--y yo salté del asiento. En ese momento Emiliano, 7 años, me preguntó por qué había reaccionado así. Le expliqué--mis hijos, como es de esperarse en esta familia, jamás han visto un partido de soccer completo y, de hecho, no entienden muy bien las reglas del juego--que España había estado a punto de meter otro gol y que eso les aseguraría, a esas alturas del partido, la victoria.
--Entonces queremos que gane España, ¿verdad? --me preguntó Emiliano.
--Claro --respondí.
--¿Tú quieres que gane España?
--Sí.
--¿Por qué?
--Bueno, porque mamá es española, tus abuelos son españoles, tus primas y tus tíos son españoles, y tú y Guillermo son españoles.
--¿Y sólo por eso? --insistió Emilano.
--Sí. Uno tiene que apoyar a su país de origen.
--¿Uno tiene que apoyar a su país de origen?
--Sí, Emiliano.
--Oh.
Minutos atrás, en una de las visitas de Valentina al frente del televisor, Guillermo, 4 años, y Emiliano, le preguntaron a quién apoyaba. "A España", respondió ella, sin despegar la vista de la pantalla. "¿Por qué?", preguntaron los dos. "A ver, ¿quién nació en España?", preguntó ella. Sin despegar la vista del televisor, Guille, que nació en el hospital La Paz de Madrid una mañana helada y nublada de diciembre de 2003, levantó la mano.
Guillermo tuvo claro entonces la razón de su apoyo a la selección española, o eso creí yo en ese momento (cuando terminó el partido y comenzamos a celebrar el añorado triunfo de España en la Eurocopa, Guille creía que el triunfo significaba dos cosas: que el año entrante sí podremos ir de visita a España y que a partir de ahora los jugadores españoles ya podrán jugar ellos solos en la cancha, sin tener que enfrentarse a otro equipo).
Para Emiliano, el origen de nuestro apoyo a la selección española no parecía quedar muy claro. Emiliano nació en México, vivió tres años en Madrid y pronuncia las zetas y las ces como español, a diferencia de su hermano menor, que las pronuncia como mexicano. Pero para él la noción de país de origen se volvió complicada frente al televisor. Y la razón por la que en ese momento creí que debía escribir al respecto es que, cuando Emiliano me preguntó por qué yo apoyaba a España y respondí eso de "uno tiene que apoyar a su país de origen", me sentí, de alguna manera, panfletario.
Así que me he quedado con esa pregunta, y los reto a hacérsela a ustedes mismos y aventurar una respuesta. ¿Uno tiene que apoyar a su país de origen? ¿Cuál es el país de origen, aquel donde uno nació aunque prácticamente no haya vivido ahí, el que uno ostenta en su pasaporte aunque esa nacionalidad únicamente haya sido heredada por los padres, o aquel donde uno ha vivido más tiempo, donde uno se ha formado, en el que uno se siente en casa?
¿Cuál es? Díganme. Yo no lo tengo muy claro.
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